Las llamas devoran la cubierta y la aguja de la catedral Notre-Dame de Paris

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Eran casi las siete de la tarde en la capital francesa cuando, sin previo aviso, un fuego se inició dando lugar a uno de los incendios más devastadores de la ciudad de París, que quedará grabado en la historia de esta ciudad. El fuego devastó ayer la catedral de Notre Dame, símbolo de la capital francesa siendo el edificio más conocido de la ciudad junto a la Torre Eiffel, además de Patrimonio Mundial de la UNESCO yuno de los monumentos más visitados del mundo.
Conforme pasaban los minutos, medios de comunicación y redes sociales comenzaban a ser un foco de información en vivo que mostraban al mundo la última hora del incendio. Ante la impotencia de ver cómo el fuego devoraba la catedral de la ciudad, los parisinos sólo podían observar atónitos cómo la aguja que coronaba la edificación y gran parte del techo se hundían entre gritos de incredulidad y tristeza, mientras que del tejado salía una humareda visible desde buena parte de la ciudad.
La ausencia de víctimas mortales —solo un bombero sufrió heridas graves en las operaciones de rescate— es la única buena noticia de la noche de fuego y cenizas en el kilómetro cero de Francia, epicentro de una urbe golpeada en años recientes por atentados sangrientos, pero nunca por una destrucción del patrimonio tan significativa. Unos 400 bomberos participaron en las tareas de extinción y la isla de la Cité fue parcialmente evacuada. “El incendio está totalmente apagado” y los servicios de emergencia están “estudiando el movimiento de las estructuras y extinguiendo los residuos humeantes”, explicó Gabriel Plus, portavoz de los bomberos de la capital francesa.

Las autoridades consideran que el fuego se debió a un accidente, posiblemente como resultado de las labores de restauración que se llevaban a cabo en el lugar, una joya arquitectónica de relevancia mundial. Sin embargo, eso no ha aliviado el duelo nacional.
El presidente del país, Emmanuel Macron, se comprometió a reconstruir una catedral que calificó como “una parte de nosotros” y pidió ayuda para hacerlo.
Mientras el país se despertaba en un ambiente de tristeza colectiva, su empresario más adinerado, Bernard Arnault, y su grupo de marcas de lujo, LVMH, respondieron al pedido anunciando una aportación de 200 millones de euros (226 millones de dólares). Otro empresario, François-Henri Pinault, y su padre, el multimillonario François Pinault, anunciaron una ayuda de 100 millones de euros de su empresa, Artemis.

La iglesia del siglo XII contenía reliquias, vidrieras y otras piezas de arte de un valor incalculable y era uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Su órgano data de la década de 1730 y fue construido por François Thierry.
"El órgano es un instrumento muy frágil, especialmente sus tubos. No se ha quemado, pero no se puede saber si quedó dañado por el agua. Nadie sabe si funciona o si tendrá que ser restaurado”, dijo Bertrand de Feydeau, funcionario de Conservación de Patrimonio, a la AP.
El vicealcalde de París, Emmanuel Gregoire, describió el “enorme alivio” de las autoridades al salvar piezas como la Corona de Espinas de Jesucristo, que fueron trasladadas de inmediato a una “ubicación secreta” por funcionarios tras el incendio.
Las estatuas religiosas que se retiraron la semana pasada del tejado de la catedral dentro de las obras de restauración de la monumental aguja del templo también se salvaron de las llamas.
Las imágenes de cobre de tres metros de alto, que representan a los doce apóstoles y a los cuatro evangelistas y observaban la ciudad desde el punto más alto de Notre Dame, a 96 metros, habían sido enviadas al sur de Francia como parte de la operación de renovación de la aguja.

Source: kataeb.org